Se aprobó iniciativa que busca bajar la velocidad de conducción a 50 km por hora en las ciudades.

La iniciativa quedó en condiciones de pasar al Ejecutivo para su promulgación como ley de la República.

“Estamos satisfechos y contentos pues estamos seguro que esta nueva normativa contribuirá a que todos tengamos una actitud más responsable a la hora de conducir”, expresó el senador Alfonso De Urresti, a propósito de la aprobación del Proyecto de Ley  que reduce el límite máximo de velocidad en zonas urbanas a 50 km por hora.

“Esta es un  medida que está estudiada en muchas partes del mundo para poder disminuir los accidentes. Quienes manejamos debemos tomar conciencia que convivimos con  peatones de edad o que transitan más lentamente, que hay bicicletas y distintos modos de convivencia vial. Por ello que esta rebaja en la velocidad es un paso para tener ciudades más amigables”, afirmó De Urresti, que es uno de los autores de la iniciativa legislativa.

El parlamentario además recordó que “dos mil personas mueren en promedio en Chile producto de accidentes de tránsito. Disminuir esta lamentable estadística, que afecta de manera importante a ciclistas y a peatones, es una de los objetivos centrales que tuvimos a la hora de presentar esta iniciativa”

El proyecto plantea la disminución del límite máximo de velocidad de vehículos de menos de 3 mil 860 kilogramos de peso bruto vehicular y de motocicletas en zonas urbanas, desde 60 a 50 kilómetros por hora.

Además la iniciativa  viene a corregir una inconsistencia presentada en la tramitación del proyecto de ley que incorporó disposiciones sobre convivencia de los distintos medios de transporte y que obliga a los ciclistas mayores de 14 años usar la calzada y no la vereda.

Tanto el Ejecutivo como los parlamentarios defendieron la tesis de que una reducción general en el límite de velocidad urbano (las municipalidades cuentan con la facultad de disminuir la velocidad máxima permitida en ciertos perímetros de sus comunas) permitirá disminuir el número de accidentes y, más importante aún, las probabilidad de muerte de quienes resulten afectados por uno.